viernes, 24 de abril de 2009

Profundidad

Creo que la mayor parte de las personas vagamos en un estado de superficialidad la mayor parte de nuestra vida. Y no me refiero al tipo de superficialidad que podemos comparar con respecto, por ejemplo, a la intelectualidad. Más bien, estas dos son igualmente superficiales. La mente lo es, por definición.

Me refiero a una profundidad que tiene muy poco que ver con las ideas, con las cosas que creemos que somos, o que nos hacemos creer que queremos. La superficialidad queda entonces de manifiesto cuando sentimos que realmente experimentamos algo que está más allá de todas las mentiras que fabricamos, y de todas las redes que tejimos para adornar nuestra vacuidad.

Esta súbita sensación de certeza emocional, que no es sentimentalismo ni empecinamiento, sino serena pasión, rompe con toda nuestra estructura. Son nuestros deseos más profundos, que en general, son mucho más estables que los caprichos a los que estamos acostumbrados a tener.

Yo no imagino mi vida viviendo como la mayor parte de las personas, sin saber quién soy y qué es lo que quiero realmente. ¿Cómo se puede elegir el conformismo que ofrece la sociedad cuando podemos arriesgarnos a tener lo que realmente deseamos? Para algunos será el conocimiento de uno mismo en sí, para otros el amor de esa persona.

Así que, cumpla o no, con éxito el objetivo de mis deseos, sé que estoy en camino, puesto que sé qué es lo que deseo, y ya caminar, es un logro en sí.

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