sábado, 30 de agosto de 2008

Obrero y Parásito

En el capítulo de Los Simpsons en el que Gabbo se apropia de la audiencia y de los famosos dibujos animados Tommy y Dally, Krusty presenta su reemplazo....los favoritos de Europa del Este:

¡Obrero y Parásito!


martes, 26 de agosto de 2008

Las palabras de Yeshuá, el Bendito

Entonces dijo a sus discípulos:
-Si alguien quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame, porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará. ¿De qué le servirá al hombre ganar todo el mundo, si pierde su alma?

Mateo, 16 24-25

Negarse a sí mismo. Tomar la propia cruz. Seguirlo.

Creo que cuando dijo estas cosas hablaba en parábolas, como solía hacerlo. Negarnos significa rechazar aquello de nosotros que está corrupto, las maldades innatas en el hombre, los defectos del Ego: la avaricia, la lujuria, la ira, el orgullo, etc. Negarnos significa observación consciente de nuestros defectos, con todo el dolor que eso trae.

La cruz es el símbolo de la muerte. Para seguir a el Cristo debemos morir en esos defectos, porque somos enfermos incapaces de dar un paso con seguridad. Estamos verdaderamente en las tinieblas, como se puede comprobar mirando la situación actual del mundo y la historia de la humanidad. Llenos de miedo e inseguridades, nadamos en nuestro infinito universo mental, y muy pocas veces alzamos nuestra cabeza para respirar un aire que nos libere de nuestras concepciones egocéntricas y egoistas del mundo.

Para seguirlo debemos renacer en las virtudes. En la compasión, en el amor, en la voluntad.


domingo, 24 de agosto de 2008

Los tres estómagos del hombre

Creo que fue Samael Aun Weor quien dijo una vez que en el hombre coexistían tres estómagos.

El primero de ellos es el que todos conocemos, que nos sirve para digerir los alimentos materiales. En las personas muy emocionales se nota la proximidad del chakra astral, porque cuando tienen malos estados anímicos, tienen dificultades para digerir los alimentos.

El segundo estómago son los pulmones. El aire es el alimento más importante del hombre. Nos alimentamos de oxígeno y descartamos el dióxido de carbono. El hombre suele respirar de manera que nunca lo hace con toda la capacidad. Algunos monjes señalan que esta es una de las causas del estrés y de los estados anímicos negativos, porque no nos estamos alimentando correctamente al dejar que nuestra respiración se haga de manera inconsciente.

El tercer estómago es la mente. Es quizás, el menos usado de todos, porque nuestra mente sobre la cual no tenemos ningún control, digiere poco y nada. Somos más bien presa de pensamientos que no buscamos ni deseamos tener. Muchas personas, especialmente en las grandes ciudades, viven en mundos mentales y anímicos que son realmente infiernos. Esto es porque se dedican a comer basura mental, sin digerir de ninguna manera.

Si tenemos tres estómagos, entonces hay tres tipos de alimentos. Para obtener una dieta sana debemos tener equilibrio en el comer, una respiración pausada (especialmente cuando estamos nerviosos) y seleccionar muy cuidadosamente los pensamientos que deambulan por nuestra mente, haciendo un especial hincapié en no ser presa de ellos.

sábado, 23 de agosto de 2008

Dear Prudence

Tomé el sendero de la costa una vez más cuando la noche era más densa y las estrellas estaban ocultas tras un velo de nubes.
Un grupo de gaviotas saludaban a la Diosa de dedos rosados que anunciaba el futuro brillante del día.
Me senté a esperar lo inevitable mientras mis pies descansaban en la arena fina y clara. Contemplé a Venus corriendo a través del firmamento, escapando de su celoso esposo, quizás siguiendo a Marte.
El color del cielo se tornó de un turquesa imposible, milagroso. Pero todavía no asomó el astro divino.
Agradecí en mi corazón este momento, y temblé ante el frío repentino, y justo en este momento se elevó el Dador de Vida, como una bola de fuego naciendo de las aguas.


jueves, 21 de agosto de 2008

Nawang Khechog

Con ustedes, el músico tibetano Nawang Khechog, con el que espero hagan una muy buena amistad de acá en adelante.

Isabella

Te sueño de pelo negro, con una sonrisa en los labios, jugando en el pasto, mirándome. Te sueño divertida, pero seria. Inteligente pero cálida. Te imagino amable, buena, hermosa, diciéndome "Te quiero, Pa".
Nos imagino acostados, yo leyéndote un cuento de Las Mil y Una Noches, y vos asombrada por la descripción de un brocado de damasco, o el vuelo en una alfombra que se desliza veloz por los aires. Nos imagino perdidos en un bosque, en el medio de una cabalgata. Nos imagino cocinando.
Te deseo ver creciendo, convirtiéndote en una niña, y luego en una mujer. Deseo que estés donde estés ahora sepas que te voy a amar.

miércoles, 20 de agosto de 2008

Miriam de Magdala

Se levantó del áspero suelo donde había caído, y rozó sus sandalias de cuero sin curtir. Los perfumes en nada se parecían a aquel indefinible olor que manaba del hombre santo.
Con un ligero movimiento de labios, despachó a la jauría de rabiosos purificadores de Israel, y le tendió una mano a ella, la más mísera de las pecadoras. La textura de aquellas manos...las manos de un carpintero, astilladas y curtidas: eran manos hermosas. Nunca las podría olvidar, clavadas en aquel madero infame.

jueves, 24 de julio de 2008

Revelación en la ruta

Estabas triste, y eso no era ninguna sorpresa. Hacía 3 meses y medio que te encontrabas en ese estado emocional. Siempre deseando, siempre añorando tenerla otra vez en tus brazos. Y una y otra vez se te negaba esa oportunidad.
Que la vida había perdido parte del color, parte de la emoción de ir a buscarla a la parada del colectivo, con los brazos llenos de golosinas y en la boca una sonrisa que desaparecería para transformarse en un beso.
Que no hacías más que pensar en ella, cuando ella estaba feliz en otro lado, quizás en otros brazos. Que te había olvidado, que ya no te amaba.

Te subiste a un taxi y te fuiste para Retiro, con la mente en los Andes, imaginando, temiendo, añorando. Te bajaste y esperaste una hora, y llegó el micro. Esperabas encontrarte con un ambiente vulgar y festivo.
Pero por suerte la vida también tiene sorpresas, y a último momento te cambiaron de servicio, y te acurrucaste cómodo en un asiento inesperadamente amplio y cómodo, al lado de una chica que, oh sorpresa, te recordó un grabado de las mil y una noches, con su cara como la luna, y su cintura como rama de sauce, envuelta en una finísima remerita blanca, que dejaba al descubierto unos pechos como granadas.
Con una bendición interna, agradeciste la suerte que te había tocado, y también te acordaste de lo curtido que estabas desde hace unos meses. Ya no te importaba tanto el qué dirán, y hablar con una mujer, mirarla a los ojos, ya no se te hacía una tarea tan difícil. Es más, habías empezado a encontrar dentro de las miles de miradas femeninas, algo encantador e insondable, y en cada una de ellas había algo nuevo y sorprendente. Tierno y tentador a la vez. Un lirio y una rosa dentro del corazón de cada una de ellas.
Se despertó a eso de las 9, cuando se habían adentrado en la Provincia de Santa Fe. Se miraron, y en esa mirada quedó todo dicho. El deseo estaba de su lado, y no había más que expresarlo con una excusa, con un "hola" o con una sonrisa casual.
Y el momento llegó cuando la chica trajo la comida, y ambos la rechazaron, con un dejo de orgullosa altanería en la voz. Ambos eran vegetarianos, y ambos se gustaron inmediatamente. Quizás por una cuestión de sentirse identificados entre tantos extranjeros carnívoros y glotones.
Él se rió, y comentó por lo bajo lo bárbaras que eran las costumbres modernas que obligaban a miles de animales a llevar una vida espantosa en corrales, privados de luz natural y de alimentos apropiados. Creo que ni él mismo creyó ese argumento.
Ella estuvo de acuerdo, y en su cara bailaba una sonrisa pícara, pero al mismo tiempo seria y femenina.
Y los comotellamas, dedondesos, cuantosañostenes, endondeestudias, se sucedieron como si ese primer escalón hubiese abierto las puertas para un mundo más generoso, colmado de palabras, gestos, sonrisas, abrazos, besos.
A las 12, entre la historia de sus vidas, despues de lagrimas de uno y otro lado, vino por fin el momento que ambos anhelaban, primero dos manos entrelazadas, y luego la de él sobre su pelo...un pelo demasiado sedoso, como si fuese producto de una ensoñación demasiado perfecta. Un beso apasionado. Ella pensando en otra vida, y él en otra persona.
Él supo entonces que ella era la mujer indicada para él. Todo en ella lo gritaba. Pero también supo que a pesar de haber encontrado a esta ninfa, a este demonio con una forma demasiado exquisita para ser siquiera considerada la posibilidad de negar uno de sus deseos, él ya amaba a un ser menos perfecto, menos bondadoso, menos empático, pero mucho más real, mucho más humano.
Se bajaron del micro en silencio, y se despidieron con un abrazo y una mirada, y la promesa de volver a encontrarse pronto en otro momento, en otro lugar, en otra vida.

Frontera

Carne de venado salada en tu mochila, tu framea de hierro, tu escudo pintado, la gema que tu madre te regaló, y las pieles que cubren tu cuerpo. Todo lo que llevas contigo. Hasta el pecho, vas vestido, pero llevas una capa ligera encima porque es primavera, y todavía el Rhin no se ha deshielado.
Estás con tus compañeros, tus amigos, tus hermanos. Te sientes a salvo allí, entre catorce pares de ojos azules, como los tuyos, cuando te miraste aquella vez en una de las fuentes de Teutoburgo, donde entre calaveras y planchas de madera y metal, reconocista a la deidad sin nombre, que habitaba como Verbo en el medio del vacío entre dos ramas iluminadas por la suave luz del atardecer.
Entre el fuego de la noche y la cerveza de la mañana, reconoces allí, donde quiera que ellos estén, tu hogar, que es más que la casa de tus padres, que los bufidos de los animales por la mañana antes de empezar a arar los campos.
Tu hogar está dondequiera que una buena fogata se encienda en un claro entre los pinos, y dondequiera que haya canto y baladas recordando las hazañas de Mann. Es algo que los morenos jamás entenderán, acostumbrados a vivir entre piedras frías y sin vida, ignorantes de la calidez de una casa de madera, y desconocedores de la belleza del bosque durante la luna llena allá en el Norte.
Y ahora te encuentras despierto, con hambre y frío, y con ganas de recorrer la ribera, esa otra ribera que separa y une los dos mundos. Y sabes que te alejas, pero el olor de tu caballo, y el aire límpido de la mañana te despiertan y producen un gran deseo de adentrarte en las profundidades de ese mundo tan raro.
Y azuzas al corcel con ansias de ver lo que tus ojos nunca antes contemplaron. Lo que sólo está en el recuerdo de tus abuelos: las murallas de una ciudad imponente, el aroma a incienso, las jóvenes envueltas en delicados tejidos de lino y seda. Todo eso con lo que has estado soñando, desde aquella noche en la que bajo la luz de la Osa, te relataron por primera vez las aventuras de Hermann en el país de los morenos.
Y ahora te acercas peligrosamente a un paisaje confuso, y extraño. Todo es distinto aquí. Hay un desorden que es orden. Lo salvaje se convierte en doméstico, y el olor del estiércol y del carbón inunda tus narices.
Te apeas del caballo, framea en mano, con un deseo irrefrenable de conocer qué más hay allí. El rumor de una fuente te llega desde lejos, y contemplas estupefacto, la suave superficie de la piedra apilada, y coronada por terracota roja. Todo tiene una belleza inimaginada, y exhuberante, desconocida para ti, y la recibes como el primer soplo de aire después del parto.
Un camino de tierra se aleja de la construcción, y bordeado por cipreses enormes, se dirige camino a un gran poblado, lleno de construcciones de piedra. Contemplas Colonia Agrippinensis por primera vez. Y allí, bajo el recodo del camino aparece una mujer morena. Mientras te acercas contemplas el temor que lentamente se forma en su rostro oscuro, pero la parálisis se ha apoderado ya de ella.
Sus ojos negros son hermosos. Te ruborizas, pues recuerdas a tu mujer allí en casa, pero eres incapaz de retirar tu mirada de ese ser ínfimo y débil, cuyos labios rojos te cautivan. La cinta que abraza su cintura estrecha, te recuerda al color de los cisnes que regresan cada verano.
Y entonces, como una visión, te acercas a ella, y le dices que estás maravillado por su belleza.
En ese momento, la niña grita arrojando su cesto de frutos sobre ti. Unos instantes más tarde, los ves salir de su escondrijo de piedra. Son muchos, y aunque hieres a tres con tus grandes miembros y matas otros tantos con tu framea que, sedienta de sangre, pide más enemigos, te ves superado en número por los morenos.
Lo último que vez es el hacha del padre, cayendo pesada sobre tu cabeza, gritando sonidos incoherentes en una lengua que desconoces, y que sólo tus descendientes comprenderán cientos de años más tarde.

miércoles, 23 de julio de 2008

Diálogo de un hombre consigo mismo en una isla rocosa

Se abre el telón y aparece una isla de 1 mt2, con forma de guijarros apilados. La decoración de fondo semeja la monotonía de un día cálido sin viento. El agua es un espejo. Nada se mueve. Entra un hombre nadando.


Hombre: ¡Uf! Tanto nado y lo único que encuentro es este promontorio rocoso. Ni siquiera una gaviota, nada....¡es perfecto, justo lo que buscaba! Ahora sí que nada ni nadie me va a molestar. Voy a poder dedicarme a hacer lo que más me gusta: pensar en soledad.


Voz: Ehhh, noooo.


Hombre:
(asustado) ¡¿Quién carajo habló?!


Voz: Soy yo, la voz de tu inconsciente. Ahora que no tenés a nadie a quien mentirle, decidí salir a contarte por fin quien es el que manda acá.


Hombre: ¿Mi inconsciente? ¿Qué querés decir con eso?


Voz: ¡Tu inconsciente, salame! El ABC de Freud, ¿nunca oíste hablar de mí?


Hombre: Sí, claro que sí.... pero es una sorpresa encontrarte acá, justo acá, cuando había pensado encontrarme en completa soledad para declamar y zaherirme con mis angustias.


Voz: Bueno, entonces dejame decirte que vas a tener que hacerme lugar porque yo no me pienso mover de acá. Como estamos solos, tenemos tiempo, y nada mejor que hacer, te voy a tener que empezar a contar la historia de tu vida.


Hombre: La historia de mi vida...ajá...bueno, dejame decirte que ya la sé. Soy un tipo sufrido, por eso me vine acá, para poder relatarme mis fracasos y mis heridas.


Voz: No, no, no, Chiquito. Vamos a empezar por ahí, ya que sacaste el tema. Vos no sos lo que creés que sos. Tampoco sos lo que otros creen que sos. Ni siquiera sos todas las cosas de tu pasado. Vos sos mucho más que eso, Pibe.

Hombre: ¿Y entonces qué soy?

Voz: Paciencia, paciencia. Ya vamos a llegar. Fijate que te viniste a una isla rocosa. A un lugar completamente desierto. Bueno, es más, te viniste a un lugar en donde ni siquiera tenés para comer. Yo diría entonces que sos más bien un pelotudo. Pero bueno, sigamos. Te viniste acá, lejos de todo porque sos en primer lugar un egoísta.

Hombre: Yo no soy egoísta, el tema es que no me importa nadie más.

Voz: No, claro que no te importa nadie más. Por eso sos un egoísta. Te viniste porque estás tan enamorado de tu emperifollada retórica que sólo vos te aguantás.

Hombre: Bueno, ¿y qué tiene eso de malo?

Voz: ¿De malo? No sé, ¿qué te parece si te dijera que hacés esto porque querés llegar al límite?

Hombre: No entiendo, Voz del Infierno....¡¿cómo al límite?!

Voz: Sí, al límite. Vos querés saber cuanto mal te podés hacer, cuánto podés sufrir por tus decisiones de marrano, para encontrar tu justo medio. Y como en el fondo lo que más dolor te causa es sentirte solo, te viniste a aislar total y definitivamente para experimentarlo.

Hombre: No, no, no, no. Ahí te equivocás, Freud, a mí siempre me gustó estar solo. Yo disfruto de mi libertad, de mi soledad, de mi independencia.

Voz: ¡¿Ah, sí?! ¿Como aquella vez que te dejó tu novia, y llorabas por los rincones, o cuando te dejaron de lado tus compañeros de colegio?

Hombre: ¡Bueno, a nadie le gusta que lo dejen así....de lado!

Voz: ¿No? Bueno, a un hombre solitario no le molestaría mucho...

Hombre:
(Piensa) ¿Sabés qué? Tenés razón, nunca lo había pensado....pero es verdad, es lo que más detesto: la soledad. ¿Pero entonces qué carajo estoy haciendo en esta isla?

Voz: ¡Es lo que estoy tratando de decirte, pedazo de gil! A vos te gusta la compañía de los demás...sos un animalito, un monito social. Es más, si fuese por vos, estarías despiojando a la mona de tu ex en este mismo momento.

Hombre: ¡Callate!

Voz:
(Voz de burla) La estarías desparasitando toda ahora, como un orangután. Sos un bicho sociable, y eso te duele, porque tu imagen es que sos un tipo duro, solitario, brillante, inentendido por sus congéneres. Pero bueno, me parece bien, es tu forma de llamar la atención. No te voy a decir que no es un poco infantil...pero bueno, cada cual elige su forma. Hay otros tipos que se visten de trabas.

Hombre: Gracias por la humillación.

Voz: ¡Y encima prejuiciosa! ¿Qué, no era que eras un tipo taaaaaan abierto?

Hombre: Se me escapó, perdón.

Voz: Fallido total...y lo sabés.

Hombre: Sí, bueno, supongo que no soy todo lo que quiero creer.

Voz: Nadie lo es. Pero bueno, por lo menos diste un primer paso, Pibe. ¡Ya estás en carrera! Te diste cuenta de que no sos tu imagen. De hecho, dejame decirte algo. La imagen suele ser todo lo contrario de lo que somos. En tu caso vos te creaste la imagen de que sos un tipo abierto, brillante, inentendido, un fracasado en los aspectos emocionales. Esa es tu imagen.

Hombre: ¿Qué querés decir, que soy alguien cerrado, mediocre, pero un ganador sentimentalmente?

Voz: Bueno, no exageremos. Pero, sí, yo diría que tu inteligencia deja mucho que desear. A lo sumo tendrás, no sé, buena memoria. ¿Qué me dijiste que estudiabas, Historia no?

Hombre: No te dije, pero sí, historia...supongo que lo sabías porque sos la voz de mi inconsciente, ¿no?

Voz: Claaaah. En fin, además sos un prejuicioso de mierda. ¡Cómo saltaste con lo del traba! ¡Deberías haber visto tu carita!

Hombre: Sí, es cierto. Todo eso muy lindo, pero eso de que soy una persona con logros emocionales no se la cree nadie.

Voz: Eso es lo que vos pensás. Pero dejame preguntarte algo. ¿Cómo se llamaba esta pibita con la que salías....Analía?

Hombre: Alejandra.

Voz: ¡Esa, Alejandra! ¿No pasaste un buen tiempo con ella?

Hombre: Sí, bueno, pero no todo fue color de rosas.

Voz: En la vida nada es color de rosas, excepto las rosas. Pero lo que te quiero decir es que durante un tiempo fuiste inmensamente feliz. De hecho nunca habías sido tan feliz en tu vida como cuando estabas con ella, ¿no?

Hombre: Bueno, cuando comía helado de Freddo, puede ser...

Voz: No seas tarado, vos sabés de lo que te hablo.

Hombre: Sí, es verdad. Todo muy lindo. ¿Pero entonces por qué todo terminó como terminó?

Voz: ¡A eso iba, M´Hijo! Porque simplemente necesitabas aprender a encontrar el punto medio. Habías dado tanto que ya era como demasiado mucho luego. ¿Conocés el tema de Queen...Too much love will kill you? Bueno, algo así. Pero esto va más allá de eso. Tenés un montón de personas que te quieren. Es más, te apuesto que cuando empezaste a nadar no pensaste en cómo se iban a sentir ellos, si iban a estar tristes por vos o no.

Hombre: No, la verdad que no...
(se sonroja)

Voz: Y sí, puro orgullo. Pero a vos te gusta aprender a los golpes, ¿no? Pero tenés que empezar a mirarte con otras personas. Creo que estás tan enfocado en vos mismo, en tu imagen, en lo que vos pensás de vos y del mundo, que sos incapaz de mirar a los demás. Bueno, creo que es suficiente por hoy, ¿no? Ya tuviste unas cuantas verdades. Hablamos mañana, Nene.

Hombre: ¡Ey, ey, no te vayas! ¡Ey! ¡Quería preguntarte si sabés de algún delivery por acá! ¡Cheee!


Se hace silencio nuevamente. Y mientras se baja el telón, el fondo se vuelve gris, y se empieza a oir el batir del viento sobre el agua.