jueves, 11 de octubre de 2007

El jardín de Buddha

En el jardín del Buddha crecía una gran flor amarilla, exhuberante, grandiosa como el Sol naciente sobre el mar, como el fuego crepitante en la noche oscura. Era lo más preciado a los ojos del gran Maestro, ya que representaba la existencia pura y libre de pecados, la belleza más primigenia.
Con un agraciado pero firme tallo verde, la flor se erguía unos setenta centímetros por sobre el nivel del suave césped de color esmeralda, resaltando con sus intensos colores y su poderosa fragancia.
"¿Qué será de esta flor cuando yo no esté aquí para cuidarla?", pensó un día el Buddha. "Esta flor depende de mis cuidados y crece pura y exclusivamente gracias a la protección que yo le otorgo. Sin mi custodia, se marchitará como un lirio bajo los rayos del imperioso Sol del mediodía".
Como era costumbre, el Buddha decidió un día no seguir preocupándose más por el destino de la flor. "Todo crece, y todo debe morir algún día, para volver a renacer nuevamente. Quizás esta flor logre encarnarse en el futuro en un Ser capaz de protegerse a sí mismo, un hermoso Ser dotado de razón y voluntad, tal como Yo lo soy ahora."
Pasaron los años, y el Buddha envejecía lentamente. La sabiduría que colmaba su corazón y satisfacía su búsqueda por la perfección no lograba, sin embargo, quitarle un pesar arrinconado en lo más profundo de su Ser. Como si se tratase no ya de la flor, sino también de algo subrepticio, que tuviese un significado que fuese preciso descubrir, el Maestro se pasaba casi todos los atardeceres mirando los últimos rayos dorados del ocaso reflejados en los suaves y delicados pétalos de su flor amarilla.
Al morir, la flor, tal como él sabía que sucedería, se marchitó por falta de cuidados. Ninguno de sus sucesores fue capaz de observar más allá de las estrictas enseñanzas que él les había dictado, y tras unos pocos días, observaron con cierta indiferencia el tallo quebrado, y las moscas sobre los ya muertos pétalos.
Años y años pasaron sobre el jardín del Buddha, años que se contaron por siglos, y por milenios. Y en el una vez hermoso jardín, volvieron a crecer hermosas flores, pero ninguna tan hermosa como aquella flor amarilla que una vez se enseñoreó del jardín.
Sin embargo, el terreno fue comprado por un gran empresario de origen indio que, sin saberlo, se paraba con cierta satisfacción sobre los mismos suelos por los que una vez caminó Buddha.
El empresario tenía una hermosa hijita, una niña frágil pero muy especial, quien hablaba con los pájaros y los árboles. Sin saberlo, la flor se halló mirando fijamente el suelo que fue su hogar hacía muchísimos años, y una gran melancolía se instaló en su corazón. Extrañamente creía recordar las plantas que allí vivieron, sólo que ahora eran distintas. Creía recordar a sus amigos, los grandes árboles de mango, sólo que habían cambiado, y sus ramas se había oscurecido. Los pájaros cantaban otras canciones, y ya no las recordaba. Y faltaba aquel hombre que la contemplaba con amor y cierta preocupación, como un padre.
La niña, sin saber por qué, lloró junto al cantero en donde alguna vez había vivido, miró el cielo añil sobre su cabeza, contemplando maravillada la lluvia de estrellas fugaces que en ese momento cruzaba el firmamento, y se dio vuelta para encontrar a su Padre mirándola con cariño y una cierta preocupación.

jueves, 23 de agosto de 2007

Profecía

(...) y tal vez los hombres del mañana mirarán con franco horror la barbarie cometida por los hombres, la salvaje brutalidad del sometimiento, y la injusticia del rico y el poderoso.

jueves, 12 de julio de 2007

La ciencia

Marx dijo alguna vez que la ciencia era un edificio con cimientos extraños. En efecto, mientras que los pisos superiores pueden adquirir un tamaño considerable y desplegar todo el lujo del anquilosado saber, sus columnas principales son, en cambio, frágiles como el papel.
Los axiomas son las sentencias indiscutibles sobre las que descansa esta peculiar construcción.
Hoy en día pocos se aventuran a contradecir oraciones simples como que A es igual a A, y por lo tanto, distinta de B, o que los hombres se asocian por necesidad, o incluso que el individuo y el Yo existen.
Pero al aceptar ciegamente estas proposiciones la ciencia se niega a sí misma, y pierde la oportunidad de investigar temas capaces de brindar una fuente de inagotables riquezas.
Los continuos cambios que sufren los paradigmas son consecuencia de esta inestabilidad estructural. Año a año los pisos colapsan, los pasillos son bloqueados y las puertas cerradas. Un modelo sucede a otro, pero son pocos los que se atreven a sugerir que el problema quizás no esté en el modelo, sino en los mismos cimientos que le dan sustento.
Hasta que los científicos no comprendan esto, su construcción seguirá desmoronándose como un viejo edificio sometido a las inclemencias de la naturaleza.
Si el Ser Humano quiere que su saber crezca como un bello y esbelto árbol tiene que comprender la acientífica naturaleza de la ciencia moderna, por más paradójico y contradictorio que esto parezca.
Yo les digo que debemos investigar constantemente nuestros prejuicios, los cuales son los que nutren los axiomas. Esta es la principal responsabilidad de Ser Humano como tal: dudar, investigar, observar continuamente, desconfiando de los mismos pensamientos, del contenido de la conciencia, que es la misma conciencia.
Tal vez de esa manera logremos volver razonable al irracional intelecto humano, el cual es destructivo, tal como lo es hoy la investigación científica, puesta al servicio del terror, la violencia, y la explotación.

Pintura Medieval Tardía

La pintura medieval tiene algo único. La nitidez, la rigidez extrema la ubica entre un mundo arcaico, estático, y una nueva era de movimiento, de florecimiento del ser humano. Los colores son siempre hermosos, optando por el contraste más que por la armonía.
La siguiente representa a Richard II de Inglaterra, recibiendo a los campesinos en la revuelta del año 1381, uno de los acontecimientos más importantes de la historia inglesa.


lunes, 11 de junio de 2007

La inteligencia

La mayoría de nosotros tenemos miedo. En algún rincón de nuestra mente hay miedos profundos, que nos condicionan, que nos atrapan, que nos mantienen enjaulados en hábitos.
La respuesta que damos cuando aparecen estos miedos es la de no hacerles caso, la de intentar no pensar en ellos. Sin embargo, puede que esta sea la acción incorrecta.
El pensamiento busca el placer y se aleja del dolor en todo momento. Y sin embargo, pocas veces nos preguntamos qué es esta desesperada búsqueda de autoprotección. ¿Intentamos sentir ese miedo, somos valientes como para quedarnos con él? Yo creo que una vez que lo hemos sentido, que lo hemos mirado a los ojos, que no intentamos hacerlo desaparecer, ese miedo, que es dolor, angustia, se esfuma.
Una nueva energía entonces mana de nuestra renovada mente. Un cambio profundo tiene lugar en la psiquis del ser humano.

domingo, 10 de junio de 2007

Conclusión

La mente sólo tiene dos direcciones que corresponden a un mismo movimiento: el escape del miedo, y el apego al placer.

domingo, 20 de mayo de 2007

Pensamiento retrógrado

Si no te gusta trabajar los fines de semana, ¿por qué vas a consumir los fines de semana?

Una preguntita...

what use is economic growth when the seas are rising to engulf you?our economy needs endless growth apparently... like a virus...except this virus is killing its host thm & stan
Thom
¿De qué sirve el crecimiento económico cuando los mares están a punto de tragarte? Nuestra economía necesita un crecimiento interminable, aparentemente...como un virus...excepto que este virus está matando a su portador.

Thom Yorke y Stanley Donwood.

martes, 15 de mayo de 2007

Dos mundos

Un tumba para el rey poderoso, conquistador de países. Para Él que me ha dado la victoria. Para mí que con brazo poderoso he arrasado pueblos, tomado mujeres y ganado. Mi gloria seguirá inmortal con ésta, mi tumba. El Sol, la lluvia, el viento, no borrarán de la memoria de mi pueblo mis grandes hazañas.
Dos niños juegan sobre la piedra quemada por el incandescente astro. Las flores vuelven a crecer después de años de abandono y hambre. La gloria dejó cenizas y dolor, pero de alguna manera la esperanza vuelve a renacer esta bella mañana.