sábado, 15 de noviembre de 2008

Vacaciones

Felicidad: estamos terminando de detallar los planes para un viaje al Sur. La idea es llevar dos carpas, e irnos de mochileros a los 7 lagos. Recorrer lo máximo posible, disfrutar de esos paisajes deslumbrantes.
Hace unos meses que quería ir, pero no se daba la situación. No se daba la gente. No se daban los tiempos. Y de repente se acerca Naty y me dice que ella y el novio se quieren ir al Sur, y que están buscando gente para irse todos juntos. Sincronicidad diría alguien por ahí. Pero no quiero irme con una pareja solo, ¿qué hago, a quién llamo que se quiera ir?; fácil solución. La llamo a Sofi. ¿Querés venirte al Sur conmigo 15 días? ¿Cuándo? De tal a tal día. Dale. Qué fácil es hacer todo con vos, pienso.
Estoy buscando mapas, trayectos, lugares. Pero no quiero sobreplanificar. Mejor que las cosas se den un tanto improvisadamente. Quiero disfrutar cada lugar, cada momento. Estoy contento de poder hacer este viaje.

jueves, 13 de noviembre de 2008

Vos

Con vos descubrí,
que las palabras pueden acercar a las personas,
pero que son los silencios los que las unen.

miércoles, 12 de noviembre de 2008

Cinnamon Girl

A dreamer of pictures
I run in the night
You see us together,
chasing the moonlight,
My cinnamon girl.

lunes, 10 de noviembre de 2008

Goodbye, Miriam

Pensando Em Você

Montaña

A Hermann Hesse

Si yo fuese una montaña,
y una corona de nieves ciñiese mis cumbres,
tus sollozos no tendrían valor alguno para mí.

Si tan sólo pudieras encontrar riscos,
vastos precipicios, si sólo el águila audaz
morase en escarpados nichos,
tus reproches serían desoídos.

Los vientos audaces sólo me harían cosquillas
y al tiempo solo habría de temer,...
pero esto sólo si fuese una desolada montaña
perdida en los confines del vasto mundo.

Y tan sólo soy un pequeño hombre,
puesto que tus lágrimas me conmueven,
tus sonrisas me cautivan,
tu boca me deleita.

Por suerte tampoco vos sos inalcanzable para mí,
y hoy que puedo tomarte de la mano,
mientras paseamos juntos bajo la dulce sombra de los tilos,
respiro tranquilo al mirarte a los ojos.

jueves, 6 de noviembre de 2008

Rebellion (lies)

Otra banda de mis preferidas... Arcade Fire tiene esa belleza armónica que me gusta en Radiohead, y su misma lobreguez...su misma tristeza, tal vez incluso más acentuada...a veces cuando los escucho siento que estoy en uno de esos infiernos mentales que los seres humanos gustamos de crearnos para tener un gozoso tormento: oyendo música de mil lamentos, tan oscura y tan hermosa al mismo tiempo, Arcade Fire me hace reflexionar en las pérdidas, me entristece, y me hunde...pero también, cosa extraña, me muestra un lado de la vida que nadie quiere ver y del que todos huímos despavoridos: la muerte, en todas sus manifestaciones. La muerte de un ser querido, la muerte de una relación, el fin de la felicidad....el fin de la tristeza, y la muerte física. No creo que sea casualidad el vestuario de la banda, y el hecho de que su primer disco (otro favorito) se llame Funeral.


martes, 4 de noviembre de 2008

It's you again, Mr. Perfect

It's you again, Mr. perfect, tryin' to break me down,
forever turning myself into a memory of what once was beautiful and sunny,
but I don't want to hear you now Mr. Perfect,
you're just so full of hate and pride,
you cannot even listen to the gorgeous sound of this sunrise.

The spring gently greets your smile,
and in this precise moment I'm tryin' to lose my mind.
Go away now Mr. Perfect,
let me enjoy this calm.

And when your eyes see through me, Darling,
I cannot but surprise myself,
thinking aloud of your charm, your sweetness and peace.

Now don't leave me, Honey,
Mr. Perfect's on his way,
he forever gone finds us,
resting happily in the bed.


domingo, 2 de noviembre de 2008

Relato del Personal Fest

Son las 16.20. Seba, Flor y Yo, estamos en el 15. Vamos hacia Avenida del Libertador, y el Sol raja la tierra. Estamos los tres expectantes, hablando como siempre, de física, astronomía, geografía: unos nerds totales.
Caminamos y caminamos. La gente usando corbatas en la cabeza, nosotros enfilamos derecho hacia el galpón donde está tocando Deborah del Corral. No suena mal, pero hace mucho calor y el olor intenso a marihuana no se esfuma, lo cual anuncia uno de los rasgos más característicos de la noche: la presencia de tal sustancia en todas partes y a toda hora.
El mapa anuncia que Leo García ya está tocando en el escenario más grande, y después de una breve resistencia de Seba, que le tiene cierto rencor al Señor García, lo convenzo de que va a estar bueno el show. Llegamos al promediarlo, y la verdad es que está sonando bien. Toca algunos de sus éxitos, entre ellos "Morrisey". Termina el show con muy buena onda, coherente con su tradición, disfrazándose con una peluca afro y agarrando dos maracas. Los equipos del escenario nos dejan asombrados: suenan muy bien, y cuando el bajo toca fuerte, te provoca un temblor total. Como REM va a tocar ahí más tarde, nos vamos contentos, ya asegurados de que va a ser uno de los mejores recitales que jamás presenciemos.
Mole, la banda de Charly Alberti, está por empezar en el escenario que mira al que acabamos de dejar, el cual es una réplica en menor escala (y con mucho menos sonido). Desde el comienzo, los tres nos miramos y comprendemos lo que pensamos: sí, la batería suena muy bien, es el sonido característico del batero de Soda, pero la voz del cantante....hay algo que no nos cierra. Les propongo a los chicos escuchar un par de temas, y si la cosa no mejora, irnos para la islita en el centro del festival, a escuchar bandas que hacen shows cortos de 15 o 20 minutos. Como, efectivamente, la performance si no se cae, al menos no levanta la calidad, nos vamos para el mencionado lugar.
Están tocando The Siniestros, una banda que todavía no sé si catalogar como Punk, Folk, Rock, etc. Lo cierto es que son divertidos, comenzando por los atuendos. Van vestidos de negro y rojo, y usan unos pañuelos rojos con agujeros para ver, atados sobre sus cabezas. La música que al principio se me hace una mezcla de Creedence y un grupo de Mariachis, es catalogada por Flor como algo parecido a Johnny Cash: no puedo sino darle la razón.
Tocan sin parar, y nos sentamos a la sombra de una palmera, mientras el Sol consume a los más audaces: nosotros preferimos conservar nuestras fuerzas, a la espera del plato fuerte, que en esta ocasión está repartido en 4 partes bien sabrosas.
A la gloria indie le sigue el show de Valeria Gastaldi, que Flor denosta con furia. Seba se limita a hacerle fuck you un par de veces, frente a la escandalizada censura con la que resisto su mala educación. Lo cierto es que si bien Valeria es una chica que no canta mal, su pop pegajoso y shakiresco nos deja empalagados de ositos, rosas y colchas perfumadas. Huimos despavoridos como la aldea gala cuando el bardo Asuracentúrix, en Ásterix, empieza a cantar sus estrofas disonantes.
Llegamos entonces con tiempo para ver la que promete ser la banda mejorcita de las tres (llamémoslas así) teloneras de REM: The Mars Volta. Salen puntuales al escenario, vestidos como una mezcla perfecta de Elvis y Led Zeppelin, con banderas de la gloriosa nación de México (cabrones), y brindando un show que no para en ningún momento. Es rock puro, sin límites, con silencios acotados, intenso como nunca antes había escuchado. El cantante se mueve como un poseso: salta, se revuelca, juega con el micrófono, se sube al decorado y destruye una parte, grita varias veces "Hello, Houston", quizás pensando que todavía se encuentra en su Texas querida. El guitarrista, con un look Bobdylanesco (horrendo neologismo), la rompe. ¿Qué más puedo decir? Es un virtuoso en su caos destructivo de punteos imposibles y rock-blues psicodélicos. Pero la verdadera estrella de la noche es el baterista de esta banda: Seba comenta con cierta sorna, que se debe haber aspirado 20 líneas de coca. En efecto, el hombre parece no conocer la palabra cansancio, y más que un hombre parecía un mono salvaje con palillos al que le han picado el trasero.
El show terminó en medio de los aplausos de aprobación de un público que sospecho no entendió de qué trataba la cosa. Yo creí estar presenciando uno de esos extraños momentos en los cuales hay un guiño de complicidad entre la banda y los entendidos de la música, de los cuales no particiaba el otro 99% de la audiencia, y que luego es recordado como uno de los grandes recitales dados por los músicos en cuestión.
Con pocos, poquísimos minutos de diferencia, salen los Bloc Party a tocar sus temas entre el britrock, el punk y la electrónica, en el escenario mayor. Con esta banda empieza lo que sin duda fue la mayor sorpresa del día para mí: las ganas de bailar. Los temas están buenos, y la voz del cantante, muy parecida a la de Robert Smith, de The Cure, suena bien. El tema que más me gustó incluía un xilofón y era más bien tranquilo. El show es parejo, y la gente se prende en un par de canciones. Adelante mío, por ejemplo, tengo una chica que se contorsiona frenéticamente al son de sus canciones, y que parece conocer, sin excepción, la letra de cada uno de ellos. Hago una nota mental: "Chica interesante". A Flor y a Seba, atrás mío, también les gusta la banda, haciéndome notar, sin embargo, que los temas empiezan muy arriba y se van quedando poco a poco. No coincido con ellos, pero el show termina antes de que nuestra discusión finalice, por lo cual nos vamos a comer unos patys.



Este demuestra ser nuestro primer y único error de la noche, puesto que la idea bien concebida, estaba descontextualizada: no se nos había ocurrido que la gente también razonaba y pretendía comer en tan justo momento. Después de una espera de 10 minutos (oh tiempo precioso jamás recuperado), volvemos a la isla, cansados y de mal humor, a ver el show de Pánico Ramírez, una banda que a los chicos les gusta mucho, pero que yo nunca había oído. A los 10 minutos, sin embargo, escuchamos con sorpresa de nuestra parte, a los Dire Straits...¿puede ser? ¿Un show sorpresa? NO. Son los Kaiser Chiefs que están comenzando su recital. El primer pensamiento que se me pasa por la mente es: ¡Dios, qué bien que suenan!, seguido por: ¡Qué mal momento para tocar, justo cuando estoy muerto de hambre, cansancio, y me tengo que ir a acomodar para ver a REM!
Seba toma entonces las riendas del asunto, nos pide plata y se va, cual Leónidas en las Termópilas, a sacrificarse por nosotros, miserables helenos. Vuelve con 3 hamburguesas después de media hora, mientras Flor y Yo disfrutamos desde lejos, lejísimos, el show que a estas alturas ya se ha perfilado como memorable, de Kaiser Chiefs. Tocan todos los éxitos, y acá mi hermano que estaba allá adelante, bañado en sudor ajeno y entre gritos de fanáticos, me dice fue el que rompió la noche, aun al que le seguía.



La luna en forma de arco se mece suavemente acompañada por el planeta Venus, brillante, mientras anochece y refresca, cuando por fin sale la banda a la que había ido a ver, y por la cual pagué 150 pesos: REM. Ya repuestos en nuestras energías y estados anímicos está por empezar un recital del cual nunca me voy a olvidar.
Abren con un tema que no conozco: "Living Well is the Best Revenge". Suena muy bien, todo está donde debe estar: las luces, los parlantes, los músicos. Buck, Stipe y Mills, de derecha a izquierda, la formación tradicional, una de esas conoce de memoria como la Argentina del 86 con Maradona.
"I Took Your Name" es seguida por "What's the Frequency Kenneth?", temazo viejito que el público festeja.
Nos vamos, luego, a Automatic for the People con "Drive", el tema que abre ese disco que escuché por primera vez a los 16 años cuando un amigo me dijo: "Tenés que escucharte estos discos, Nacho"...eran aquel y Out of Time, que se convirtieron en mis favoritos desde entonces, junto con "Word Gets Around" de Stereophonics, "What's the Story/Morning Glory" de Oasis, y "The Joshua Tree" de U2.
Empiezan el movimiento y la declaración política, cuando tocan "Driver 8", "Man Sized Wreath" e "Ignoreland" (dedicadito a George Bush Padre, una joya musical), declarando Stipe que detestan a su gobierno actual, y que apoyan a Barack Obama: demócratas los chicos de Atlanta, fieles a su tradición universitaria y pacifista.
Para mí llegó el momento entonces de irme para adelante: después de la protesta, llega el momento de moverse y saltar, y REM lo sabe, teniendo la experiencia de más de 20 años de shows en vivo. Tocan "Fall on me", "Electrolite" e "Imitation of Life". La gente al lado mío llora, ríe, saca fotos, canta a viva voz, todo al mismo tiempo. Yo mismo empiezo a bailar con Electrolite, acordándome del excelente disco que cierra, "New Adventures in Hi-Fi", bastante desconocido para el fan promedio de REM.
Después de la fiesta y de la euforia, llega el momento de madurez del show. La reflexión y la melancolía nos invaden con "Everybody Hurts", "She Just Wants to Be", del disco Reveal, otro discazo, y con "The One I Love", "Nightswimming". Las melodías suenan perfectas, la voz de Stipe es clara, la guitarra de Buck acompaña todas las variaciones de los temas, y el bajo y los coros de Mills suenan impecables: REM se escucha como si estuvieran siendo editados en un estudio de altísima calidad en NY, y sin embargo, están cantando a pulmón en frente a 40.000 personas. Esto es una de las cosas más rescatables del espectáculo...el hecho asombroso de que una banda llegue a tal grado de armonía sonora, bajo condiciones adversas. Ni siquiera Oasis que es una banda que suena muy bien en vivo, llegó a sonar tan bien.
"Let Me In", "Horse to Water" y "Bad Day", le devuelven la atmósfera festiva al show. Con "Orange Crush" empieza el momento en el cual el recital alcanza su clímax. De aquí en adelante todo es lujo, todos los temas son conocidos y aclamados, y es el momento en el cual la gente, como luego conversamos con Flor y Seba, alcanza ese estado casi religioso de paz y amor.
Le siguen "It's the End of the World as We Know It (And I Feel Fine)", luego de lo cual la banda se retira dramáticamente, para volver con los aplausos del público, "Supernatural Superserious" seguida de "Losing My Religion", y acá Seba me cuenta que un papá emocionado hasta las lágrimas intenta hacer comprender a su hijo de no más de diez años "que escuche ese riff, ese estribillo".
"Great Beyond" y "Man on the Moon" cierran un show impecable. Buck agarra a Stipe que parece no querer irse y seguir cantando toda la noche. La gente se va contenta, muy tranquila, satisfecha de las casi dos horas de show.
Un momento que me queda grabado en la memoria es cuando después de haber bajado del escenario, y de haber interactuado con la audiencia, Stipe sentencia: "People are good"..., lo cual me muestra también la otra cara de Estados Unidos, acostumbrados como estamos a ver The Dark Side of the Moon: la del americano bueno, confiado, un poco ingenuo, y definitivamente demócrata,... un espécimen maravilloso que me encontré muchas veces a lo largo de mi vida y que hoy, lamentablemente, está en peligro de extinción.
Nos fuimos a casa con una sonrisa en la cara, y muy cansados, pero contentos de haber visto tantas buenas bandas, y de haber pasado un día tan increíble. Hacía mucho tiempo no me divertía tanto.


sábado, 1 de noviembre de 2008

Todo lo que sube, debe bajar

La noche había empezado bien, más que bien. A las 20:03 me llamó Ezequiel, un amigo que desde que recuerdo, hace percusión y ama la música como la vida misma, diciéndome que tenía buenas noticias para mí: me había conseguido entradas para ir a verlo como telonero de Paulinho Moska en el Teatro Coliseo. Habíamos hablado unos días antes, y me había contado con la usual familiaridad de los músicos, que iba a estar compartiendo el escenario con el músico carioca, lo cual no evitó que a mí esto me sorprendiera mucho, porque hacía mucho que no lo veía y no sabía que estaba tocando en lugares tan grandes.

Salí apresuradamente de casa, y me fui por Charcas/Marcelo Torcuato de Alvear hasta el teatro, y llegué cinco minutos antes de que empezara la banda: Daniel Sartori y los peces de la Estigia, curioso nombre, puesto que no recuerdo que en la laguna infernal habitase alguien más que el temible Caronte.

Cuando me acerqué a la ventanilla de invitados y anuncié mi nombre me llevé la primer grata sorpresa de la noche: una chica muy hermosa me preguntó cuántas entradas quería.

"¿Cómo cuántas entradas?", dije yo ingenuamente.

"Sí, ¿con cuántas personas venís?", me respondió ella con cuatro o cinco tickets en la mano.

Es uno de esos momentos en los cuales uno lamenta no haber llevado a alguien más. Le dije con cierto pesar mezclado con alegría (y acaso con extrema ingenuidad), que necesitaba sólo una.

Entonces me llevé la segunda grata sorpresa de la noche, que no habría de ser la última: había enfilado hacia el sector super-pullman, imaginando que la entrada me dirigiría invariablemente hacia el sector menos costoso del teatro. Pero los organizadores me pidieron el ticket y me escoltaron hasta la 5º fila: tenía el escenario ahí adelante mío, lo cual presagiaba una noche de lujo.

La acomodadora me dio un librito de Muba, el festival de música brasileña que se está organizando en Buenos Aires desde Agosto hasta Marzo y que incluye la presentación de muchos músicos de aquel país, como Vanessa da Mata, Jorge Vercillo, Daniela Mercury, Natiruts, y el mismo Paulinho.

Al lado mío, estaban sentadas algunas chicas que trabajaban en la embajada de Brasil, con las cuales me quedé conversando en un portuñol vergonzoso sobre Brasilia, la música, Río, la música, el carnaval, Buenos Aires.

Confieso con mucha vergüenza que un video proyectado para la ocasión, y que se repetía una y otra vez, me dio ganas de ir a ver a Daniela Mercury: la mostraban bailando y cantando, y entonces reparé en lo bella y armoniosa que era esa mujer. Sonreía con una naturalidad deslumbrante, y llevaba un vestido que forzaba al espectador a no apartar la vista de la pantalla.


Al poco tiempo, salió la banda telonera. Tocaron 4 o 5 temas, y sonaron muy bien. La melodía era un rock/pop con inconfundibles ritmos y melodías brasileñas, y gustó mucho. Me hubiese gustado que la percusión, a cargo de Ezequiel sonase un poco más fuerte, dándole al sonido un tempo más sambero, más africano, pero como lo anunciaba el nombre de la banda, el líder y sus estribillos predominaban en las canciones, y la percusión y el ritmo, si bien presentes, quedaban relegados como una dama de compañía.


Paulinho se tomó otra media hora en salir. El público aplaudía impaciente, y las brasileñas a mi lado miraban el reloj cada 5 minutos. Cuando por fin se decidió a salir, el público lo recibió estruendosamente: el teatro estaba lleno, y había gente sentada en los pasillos.

Abrió con los temas más conocidos: Tudu Novo de Novo, y Lagrimas Diamantes, pero tocó muchos temas que está armando para un disco nuevo que se llamará Mucho Poco. Paulinho estaba de muy buen humor, como siempre, y el público lo recibió con alegría, festejando sus chistes y comentarios. Recuerdo que la última vez que había estado en el Coliseo había sido para ver a Drexler que se ve, no tenía un muy buen día y había chocado con el público en un par de ocasiones.

Tocó un blues que me gustó mucho y grabé con mi cámara. Desafortunadamente, al hacerlo de la poco ortodoxa forma vertical, cuando quise subirlo no pude rotarlo, así que me resigné a subir algunas fotos.


Kevin Johansen entró como invitado, y como alguna vez había hecho con Drexler, sacó a bailar al carioca. Cantaron Desde que te perdí, y La Edad del Cielo.

El show cerró con temas nuevos, pero ya se anunciaban aires de tormenta cuando la malhadada cámara, después de un paro cardíaco en el cual la pantalla quedó dos o tres segundos de color violeta, se apagó en el medio del video del último tema.

A pesar de esto la pasé muy bien, y enfilé para la salida buscando a Ezequiel, que estaba con su flamante novia, con la cual me quedé charlando un rato, y me contó cómo se había conocido.

Al rato volvió Ezequiel que nos dijo: "Esperen que nos vamos para camarines".
Fuimos a buscar los instrumentos, y nos cruzamos con Paulinho y su banda, tuve mi momento frívolo y superficial sacándome fotos con el Piojo López, ese delantero fenomenal que tantas alegrías nos dio en la década de los 90's, arrojando innumerables balones sobre la concurrencia. Dejamos que las groupies mal disimuladas circulasen junto con cantidades importantes de marihuana y alcohol, y nos fuimos para el sector de la banda telonera.

Me despedí de mi amigo, muy agradecido por la invitación, y por el reencuentro.

Volví a casa muy contento, pero apurado. Había quedado con otro amigo en ir al cumpleaños, y ya eran las 12 y todavía no había salido. Con culpa, me tomé un taxi y me fui hasta la casa. Cuando llegué, me quedé charlando con Seba y la novia, pero lo que en realidad aseguró mi permanencia fue la sorprendentemente bella prima del cumpleañero, con quien charlé toda la noche.

Seba se tenía que ir porque hoy trabajaba, y algo me decía que había llegado también la hora para mí de partir. Pero como suele suceder en estas ocasiones, no razoné, sino que me dejé guiar por los ojos negros de una mujer, y me fui con ella y Ceci, otra amiga, a un bar. Craso error. Cuando llegué, poco acostumbrado a las salidas nocturnas, me pidieron cédula o identificación, y ellas, más listas que yo, la tenían. Me tuve que volver a casa, dejándolas con los demás. Estaba en un barrio totalmente desconocido (Paternal) y el único colectivo que conocía por la zona no pasó en toda la noche. Enfilé por Avenida San Martín y caminé como 3 kilómetros, hasta que di con Juan B. Justo y me tomé el 109.

Pero no acabaron allí mis problemas, porque bajado antes a comprar algo, me robaron. Hacía como 12 años que no me robaban, si bien había tenido varios episodios en los cuales robaban a personas cercanas a mí o con las que caminaba circunstancialmente. Mi proverbial indigencia me fue de ayuda entonces: consiguieron sacarme la modesta suma de 5 pesos, y cuando me pidieron el celular, lo desdeñaron al observar que ni siquiera se distinguían los números. Esto confirma que mi teléfono es una entidad provista del raro don de la inmortalidad.

Volví a casa muerto de cansancio, y hastiado de la naturaleza horrenda del ser humano. Una noche me había bastado para comprobar que todo lo que sube, debe bajar, como dice el Kybalión. La había pasado muy bien, y había terminado agotado, robado y molesto conmigo mismo, lo cual no dejaba de sorprenderme, porque por una vez se había cumplido la máxima de los antiguos que sostenían la caprichosa naturaleza de la diosa Fortuna, y la necedad del hombre vano que se gloría de sus acciones, cuando tan poco control tiene sobre ellas.